LA RESEÑA
Fernando Sanfiel, España / @fernando_sanfiel


Ya les decía en mi primer artículo que quería llevarles por el apasionante mundo del tabaco pero desde otra perspectiva. Pues ya no hay más excusas, ahora hay que hacerlo. Y eso es "harina de otro costal.

Lo primero que voy a intentar es llenar de personas un mundo lleno de tabacos, buenos tabacos. Que seguro nos llevaran, igualmente, por un elenco de buenas personas. Y por supuesto al placer de hacer catas y reseñas por devoción y puro placer que las que se hacen por obligación o como una profesión. Un lujo que solo unos pocos podemos permitirnos.

La primera persona que quiero RESEÑAR es a mi hijo pequeño, Pedro, si el de la capa de México San Andrés "huele a nachos". Lleva meses preguntándome por la publicación del trabalenguas que me preparo:


"Fama de fumador tiene el que fuma,

Quien fuma es famoso por fumar,

Pero el que ni fuma ni tiene fama,

¿Para qué quiere la fama de fumar?"


Pero como hoy no está voy a hacer una excepción, que no hago nunca, fumar mientras escribo a modo de maridaje de mis sentidos y que se vengan a mi mente esas gentes de la que quiero hablarles.

En el aroma, en seco, me vienen los recuerdos de Don Eusebio oliendo el tabaco y tocándolo desde que la hoja puede tocarse sin dañarla. El tiento a una hoja recién seca con ese chicote que compartimos con Don Elio. Y la cientos de horas de Alex, Nieves, Cande, Hugo y tantos más que dieron lugar a un secado y fermentación prefectos. Este tabaco huele a ellos.

Lo caliento con un trozo de Cedro, con me enseño mi maestro, Eusebio. Con paciencia, con mimo. Casi diría que como parte de un ritual que cada vez que repito me trae a sentarse a fumar conmigo a decenas de protagonistas.

Al cortar el tabaco no puedo olvidarme de la teoría de la obra de ingeniería necesaria para fabricar una chimenea y las consecuencias de hacerlo mal, en el tiro. Y por tanto sus similitudes con un tabaco: “una chimenea perfecta que se hacen cada vez, de uno en uno. Cada tabaco debe ser una chimenea perfecta”. Decía mi Maestro Eusebio que hoy, desde el cielo, está acompañándome a fumar este Churchill encapado en claro, de Tripa Corta que hizo para mi Fernando Alonso.

Arranca el tabaco como arranca la vida. Como arranca un proyecto, como arranca una amistad.

Por tanto, al no tener problemas en el encendido, tengo tiempo de recordar a Alejandro Sánchez, Alex “El Pley” para los amigos. Como arranco su carrera hace ya casi 20 años. Siendo un joven sin conocimiento alguno de este mundo y que yo había elegido para delegar mis tareas del día a día en la dirección de la Finca y yo poder dedicarme de llenos a la pasión de cultivar y hacer tabacos. No solo arrancar… ya estoy entrando en el segundo tercio y se me ha pasado volando. Volando por nuestras experiencias juntos. Por las dificultades compartidas y por tantos ratos inolvidables que hoy en día, cuando visito La Rica Hoja, se nos pasan las horas recordando y rememorando nuestro pasado, aciertos y fracasos. Nada mejor que repasar la vida, momento a momento, con un buen tabaco que ya sabes te dejara pensar y recordar sin darte problemas.

Metidos bien de lleno en el segundo tercios me llegan los sabores de la vida tabaquera. Con toques apimentados que tiene toda vida bien vivida. Con el sabor a madera que la dureza da sabores más amargos como el cuero que, a veces, nos sirvió de látigo y que nos marcó para hoy ser como somos. Persistiendo la dulzura de Vilma y Candela, de Domingo o Enrique. Torcedores de precisión que hacen que observar el tabaco casi te deje ver sus laboriosas y precisas manos acariciando, casi con magia, las hojas de tabaco para hacer…..chimeneas.

Han sido tantas las personas que han pasado por esta humilde vida tabaquera, que a terraza de la ventana esta “a reventar” no cabe un alma mas pero el momento no lo cambio por nada pues estoy llegando al final del tercer tercio y casi no doy crédito a que han pasado dos horas y media con mis amigos, presentes y ausentes pero AMIGOS.

En el Cabo se agolpa, como en salida de discoteca a la 6 de la mañana, algún regusto malo, acido, amargo por dos. Por eso no quiero apurarlo más. No quiero arriesgarme a perder todo lo disfrutado. Teniendo en cuenta que Pipo llego tarde, pero llego. Siempre es el último porque es muy calmado para todo. Pero sin él, sin una fermentación correcta y delicada, este tabaco habría dado notas más amargas o amoniacadas o quizá, desde el primer momento, nos hubiese fastidiado la reseña.

Bueno, estas y muchas otras son mis gentes, mis amigos mis protagonistas. Con lo que pretendo ir recorriendo, despacito, el fabuloso y sacrificado mundo de hacer tabacos. Sus tareas, sus vivencias y la importancia de su papel en los tabacos que nos fumaremos.

A lo largo de estos meses espero acercarles a cada uno de ellos y sus vidas, para que puedan disfrutarlos, como los disfruto yo, cada vez que estoy fumando un tabaco con “identificación de origen”.

Un abrazo.