¡QUIERO PROBAR UN TABACO! ¿POR DÓNDE EMPIEZO?
Javier Blanco Urgoiti, España / @burkinatherevist / www.burkinatherevist.com

Si estás leyendo esto es que alguna vez te has dicho ¡quiero probar un tabaco! ¿Por dónde empiezo? Y, tal vez, no lo tengas muy claro. Todos hemos empezado alguna vez. Algunos, mal hecho, puede que demasiado pronto, porque hay algo que, antes de empezar a fumar, debes tener claro y sólo podrás asumir esa responsabilidad si eres adulto: fumar es malo para la salud. La decisión de fumar o no fumar corresponde sólo a aquellos que son legalmente mayores de edad. La mayoría de edad te exige ser consciente de los riesgos que entraña para la salud fumar, conocerlos y asumirlos y ésa es la única manera de ejercer tu libertad responsable e informada.

Si eres menor de edad en tu país, hazme un favor. Cierra esta página y vete a jugar a la Playstation (o a lo que juguéis los chicos de ahora). Tiempo hay para todo y el de fumar buenos tabacos es un tiempo sólo para adultos.


Adultos y adultas responsables

Fumar no es cosa de hombres. Eso está más pasado que las películas de Esteso y Pajares. Fumar es algo que hacen las personas adultas por una sencilla razón: porque les gusta, porque les proporciona placer y sosiego. Si eres hombre o mujer, mayor de edad, y te estás planteando empezar a disfrutar, de vez en cuando, de un buen tabaco, creo que puedo ayudarte.

No es mi caso, pero la mayoría de la gente se inicia en fumar cigarros en eventos sociales o invitados por un amigo. Digo que no es mi caso, porque yo soy hijo del cuerpo: mi padre ya trabajaba en Tabacalera SA cuando yo era un canijo. Así que bien pronto, quizá demasiado, se despertó en mí el interés por aquellos cilindros marrones tan aromáticos que tanto mi padre como mi madre solían fumar en casa, sobre todo cuando organizaban una cena con amigos.

Siempre me gustó ese momento en el que mi padre iba al humidor de casa, sacaba la bandeja y ofrecía un tabaco a sus invitados. Aquellos tabacos de los años 80 no tenían nada que ver con lo que hay ahora y eran, sí o sí, siempre cubanos. Me llamaba la atención con qué delectación se asomaban algunos a la bandeja de cedro de mi padre y la cara de entusiasmo, y la exoftalmia, de aquellos señores (entonces sí, eran todos hombres, menos mi madre) ante el momento cumbre de elegir con cuál de aquellas maravillas iban a alargar hasta la uña el delicioso tiempo de la sobremesa.

También de aquellos tiempos me quedó claro una cosa: se puede decir que no. No es obligatorio. Es más: en el fantástico mundo del tabaco nada es obligatorio. Nada. Ni siquiera, aceptar el cigarro.

Una advertencia especial

Así que, si estás pensando en iniciarte en el maravilloso mundo del tabaco premium, eres mayor de edad, hombre o mujer (eso da igual), pero no sabes por dónde empezar, acepta este primer consejo: nada es obligatorio. Nada está escrito en el mármol; no existen los diez mandamientos del tabaco. Nada está bien hecho, ni mal hecho. No hay una norma escrita estricta sobre la mejor manera en que un cigarro te va a ofrecer a ti, con tus muy personales gustos, sus placeres. Y no hay fumador más experto que aquel que se conoce a sí mismo y lo que le gusta. Y esto no lo vas a poder leer en ningún manual. Tendrás que aprenderlo sobre la marcha y será el tabaco, según lo vayas comprendiendo, quién te lo cuente. Porque el tabaco habla. Sólo hay que aprender su idioma y escucharlo.

Pero quiero hacer una advertencia especial, muy especial, a aquellos de vosotros que ya seáis o hayáis sido fumadores de cigarrillos. El cigarro, es decir, el puro o el tabaco…

Perdonad esta pequeña digresión, pero viene a cuento. Tabaco es la palabra que yo prefiero usar para hablar de un cigarro. No sólo porque es la manera en que lo llaman en origen, en los países productores, sino porque me permite darle su honrosa y real distancia con el cigarrillo.

Yo soy fumador de cigarrillos y me toca las narices cuando alguien me dice: “¿Me das un cigarro?”. ¿Cómo que un cigarro? ¿Será un cigarrillo, un pitillo, un…? En castellano, demasiadas veces la gente confunde cigarro y cigarrillo hasta el punto de que muchos piensan que es lo mismo.

¡Y no tienen nada que ver!


Ketchup y gazpacho

Creedme. ¡Nada! Sí, hay una coincidencia: su principal ingrediente es el tabaco, en genérico, aunque el cigarrillo tiene otras cosas, pero el kétchup y el gazpacho están hechos de tomate y nadie diría que son lo mismo, ¿verdad? Ni es el mismo tipo de tabaco, ni se somete a los mismos procesos agrícolas ni industriales, ni son productos dirigidos al mismo público, ni su forma de consumir es igual...

El humo de un tabaco… un cigarro, un puro… NO se traga. Esto sí está escrito. Se paladea, se saborea, se pasa por la nariz y se expulsa. Aunque tampoco es obligatorio. Quiero decir que sí tú quieres metértelo al pulmón… Pues estupendo: adentro. Allá tú. A lo mejor también prefieres una sopa fría de kétchup o echar bien de gazpacho a tu hamburguesa. Si a ti te gusta así, adelante.

Pero es importante que sepas que fumar tabacos no es lo mismo que fumar cigarrillos. Yo fumo ambas cosas y lo tengo bien separado en el coco. Fumar cigarrillos es adictivo. Fumar tabacos, no. ¿Te lo repito? Fumar tabacos, cigarros, puros, sin tragarse el humo, es un hecho social. Se fuma cuando se da la circunstancia, que es muy importante también. Si no se da la circunstancia, no se fuma. Y nadie, o casi nadie, se sale del restaurante o del centro de trabajo o se queda en la puerta del aeropuerto a fumarse un puro de esos de alivio.

Eso no pasa, porque un cigarro bien fumado no quita el mono de fumar cigarrillos. Te lo digo yo, que fumo ambas cosas.

Si tienes claros estos conceptos generales, eres mayor de edad, y quieres iniciarte en el mundo del tabaco, bienvenido. Prepárate para un viaje largo y lleno de preguntas cuyas respuestas sólo te van a suscitar nuevas preguntas.

En los siguientes artículos iré dándote consejos más prácticos para que tu iniciación sea satisfactoria y segura, pero recuerda que, al final, todo lo que yo te pueda decir no te vale para nada: el tabaco te hablará y, como es así de cabrón, me llevará la contraria. Que sepas que a mí me dijo esto que te voy a contar y fielmente te lo transmito. Lo que luego él te diga a ti, será cosa vuestra.