EL ARTE DE COMBINAR CUERPO Y FORTALEZA
Miriam Alfonso, Cuba / @miriam.dama_del_vino


Desde tiempos remotos ha sido notable la relación que el hombre ha establecido entre alimentos y bebidas, placeres y gustos, música y distracción… Momentos de relax vinculados a bebidas alcohólicas, chocolates, café, té y, por supuesto, el arte de disfrutar cigarros o puros en combinación a todas esas delicias. Declarando, por consiguiente, espacios como la hora del té, tomar once en Sudamérica —en honor a las 11 letras del aguardiente— el desayuno, la sobremesa…

Habiendo muchos elementos implicados en la expresión final de un tabaco: desde su siembra y producción, la guarda, el encendido… En este primer articulado nos centraremos, de forma muy básica y escueta, en el arte de combinar cuerpo y fortaleza en los maridajes, con el objetivo de poder guiarnos y escoger un vino o destilado adecuado.

Nuestros sentidos, al degustar, se expresan en sensaciones armónicas, naturales, agradables, molestas, desequilibradas, complejas, simples… En el caso de los tabacos puros, entre otros elementos, la fortaleza juega un papel predominante a la hora de percibir, expresar y interactuar. Puros de fortaleza suave, media o fuerte. Conceptos que abren una puerta clave para el maridaje de estos.

Al hablar de espumantes, en muchas ocasiones presentes en celebraciones y en reuniones sociales en verano, nos movemos en cuerpos suaves y delicados, llegando a estructuras mas cremosas y complejas. Así iremos de lo sencillo a lo profundo, relacionando lo delicado con una fortaleza del tabaco suave y llegaremos a medios o fuertes con aquellos espumosos mas cremosos y persistentes en boca.

En vinos blancos y rosados, de cuerpo medio, las fortalezas de suaves a medias entrelazarán a la perfección la acidez, el frescor, sus aromas herbales y florales, estableciendo una relación lógica y natural.

En el caso de los tintos, desde esta perspectiva básica, lo ideal es la combinación de cuerpos ligeros en primer tercio de la fumada, pasando a tintos con crianza en las partes siguientes de la fumada, con fortalezas de medias a altas.

Por su parte los vinos de postre y fortificados desarrollan una relación de contraste entre dulces, ácidos y amargos. Son vinos por norma general de sobremesa y, en muchas ocasiones, con un marcado carácter regional. Se relacionan bien con un amplio abanico de fortalezas, sobretodo los dulces, aunque de forma general los cremosos, destilados secos y los aromáticos provenientes de la uva, así como el café o el té Chai, abren la fumada de forma virtuosa. Las fortalezas suaves y medias se relacionan muy bien también con los piscos aromáticos, fragantes y delicados.

Centrándonos en las fortalezas altas llamaremos a la relación entre bebidas de cuerpo dado por el alcohol e intensidad. Son, en muchas ocasiones, destilados de bouquet aromático y buena densidad en boca, que hacen posible el acercamiento a vitolas de fortaleza e intensidad de sabores. En este espacio nos viene a la cabeza el Ron Añejo, Cognac, Armagnac, Whiskys… Cada uno con sus características pero, en general, con mayor capacidad de encaje con tabacos con buena fortaleza.

Lo expuesto es claramente solo un acercamiento a modo de pincelada, un Demi Tasse dentro de un mundo complejo y lleno de juegos combinativos por los que transitaremos en el futuro. Un punto de partida que, para los que quieran acercarse al maridaje de los tabacos con vinos y destilados, puede servir de acceso. Pues, horrorosa sería la combinación donde no hubiera una adecuada relación entre cuerpo y fortaleza, donde la intensidad de los integrantes no se tuviera en cuenta.